Agujero Negro
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Reflexiones sobre mi tiempo

Reflexiones sobre mi tiempo

 

No hace muchos años, el tiempo de un ciudadano medio estaba mas o menos bien equilibrado. Ocho horas para el trabajo, ocho para el sueño y ocho para "sus cosas".
Conmuta trabajo por estudio, y tienes el de un niño. Tampoco es tan diferente, el ocio de un adulto sigue las mismas pautas que el juego de un niño y la frontera entre estudio y trabajo es muy difusa.
Recuerdo que cuando yo era niño (allá por el pleistoceno), el horario de la escuela era suficiente para nuestra formación, apenas habían "deberes", tampoco el material escolar pesaba una tonelada. Un libro y dos cuadernos eran suficientes. Las clases eran eminentemente orales.
No suelo presumir de cultura, pero la que recibí no me parece que desmerezca de la actual. Quizá sea que lo que me enseñaron no fue a memorizar, sino a amar el conocimiento, y es posible que esa sea la causa de que a pesar de mi mas de medio siglo de vida, siga estudiando. Me encanta estudiar, no concibo parte de mi tiemplo libre sin una pequeña ración de "conocimiento" nuevo.
También tuve la suerte de tener un "maestro" que amaba su trabajo, que a pesar de la dictadura nos inculcó el respeto por los demás y nos enseñó a tolerar al "diferente".
Durante una época, fui docente, traté de inculcar a mis alumnos lo que me enseñó mi maestro (gracias D. Pedro, allí donde estés), pero no estoy seguro de haberlo conseguido aunque lo intenté.
Con el trabajo pasa tres cuarto de lo mismo.
En mi tiempo infantil, la máxima aspiración profesional de un adulto, era tener un trabajo que te permitiera vivir holgadamente durante toda la vida.
Actualmente, se busca un pelotazo. Trabajar 25 horas al día, arrasando, estafando, pisoteando a los demás, para que en cinco años haber reunido el capital suficiente para retirarse laboralmente.

Ya no disponemos de tiempo para nosotros.
No se por qué, las ocho horas que deberíamos dedicar al trabajo, las hemos ampliados a diez o doce, robándolas al sueño y/o al ocio.
Las horas extraordinarias, los desplazamientos al puesto de trabajo y vuelta a casa; esa es otra, no entiendo por qué los que trabajan en un sitio, viven en el extremo opuesto.
En la isla donde vivo, cada mañana y cada tarde se forman unos atascos impresionantes en horario de entrada y salida del puesto de trabajo. Los que viven el sur, trabajan en el norte, los del norte, trabajan en el sur.
Cuando salen de compra, van al Carrefour mas lejano de su domicilio.
Los domingos, la gente de ciudad va al campo y los de campo bajan a la ciudad. Supongo que los restos de nomadismo que quedan en nuestros genes tiene algo de culpa.

El juego.
En mi niñez, el juego era parte de nuestra formación como persona.
Allí aprendí lo que era solidaridad, compañerismo, sana rivalidad, deportividad, imaginación, etc.
Los niños actuales no saben jugar, son individualistas, egocéntricos y solitarios.
En mi época nos fabricábamos nuestros propios juguetes, ahora, si no tienes una "pleiestension" no eres nadie a quien llamar para jugar.

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No me gusta este tiempo, el consumismo y el ansia de posesión prima por sobre nuestro deseo de ser persona (con todo lo que eso implica).
Todo vale para conseguir los fines que te has impuesto.
A la estafa le llaman "ingeniería económica".
Al trepa le denominan como "ejecutivo ambicioso".
Al lameculo como "asesor".
A la persona amable y educada, como gilipollas.
Al misógino como conquistador.
A la mujer que lucha por sus derechos, como "machona", lesbiana o feminista (en el sentido peyorativo de la palabra).
Al hombre sensible, como "nenazas" o mas directamente como afeminado o marica.

En fin, que no estoy muy contento con esta segunda parte de mi vida.
Lo que me da algo de esperanza, es que a pesar del tono negativo de mi exposición, parte de las cosas que hemos cambiado son positivas.
La desaparición paulatina de la marginación de la mujer, la explotación laboral de la infancia y todas las conquistas sociales que hemos conseguido. Espero que esto no se pierda si como sospecho, esta sociedad está viviendo un cambio radical. y me ilusiona pensar que es para mejor. ¿Qué quieres?, es lo último que me queda si no quiero entrar en el demonio de la depresión.

NOTA: Esto lo escribí hace 10 años. Lo rescaté del antiguo Agujero. Lo he copiado porque veo que no ha cambiado mi forma de pensar. Con mas años, mas achaques y un pizca mas de quejica, pero a grandes rasgos (para bien o para mal) sigo siendo el mismo.
 

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