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El relieve de la península Ibérica como condicionante climático

El relieve de la península Ibérica como condicionante climático

La península Ibérica ocupa un lugar de encrucijada en todos los sentidos. Es la puerta de acceso al continente africano -y al europeo-, según como se mire, en términos administrativos, pero también al puro y estricto nivel geográfico.

Históricamente las tierras de Iberia han sido el emplazamiento de comunicación entre Oriente y Occidente. Más si cabe a raíz del descubrimiento del “nuevo mundo” que colocó a los antiguos reinos peninsulares en el epicentro de la cartografía moderna. (Siempre que los mapas estuvieran hechos por y para los pueblos de Europa, lógicamente).

Es indiscutible que la geografía ha marcado sin duda la historia de España. Igual de indiscutible que estas vetustas tierras han servido –y sirven- de nodo para todo tipo de vicisitudes, desde las más geoestratégicas hasta otras de índole totalmente natural.

Precisamente de esos últimos elementos nos vamos encargar en las próximas líneas. Veremos cómo la topografía y la distribución del relieve han sido determinantes para la génesis de diversos y tan diferentes climas que caracterizan al territorio de la Península Ibérica.

El relieve de la península Ibérica: murallas y baluartes

La distribución del relieve de la Península Ibérica es un auténtico capricho de la naturaleza. Las fuerzas que provocaron los movimientos orogénicos que dieron lugar, primero al gran zócalo, que se extiende por buena parte de la península, y posteriormente un nuevo choque de placas que acabó de formar las morfoestructuras que hoy conocemos, han hecho que estas tierras tengan unas características climáticas muy divergentes en relativamente poca superficie.

Esto es poco territorio si lo comparamos con otras naciones de mayor extensión y que, dentro de su demarcación, poseen casi todos los tipos de climas posibles, como por ejemplo lo que ocurre en los Estados Unidos de América. Allí pasamos de los climas más fríos próximos a la tundra al desierto más riguroso característico de los estados del sur.

Sin embargo en la península Ibérica esa versatilidad tiene mayor mérito. Principalmente porque el territorio es infinitamente menor en superficie; unos 493 516 km² frente a los 9,834 millones de km² de EEUU.

De este modo nada tiene que ver, por ejemplo, el clima de la cornisa cantábrica con el de Murcia o Almería. En otros territorios de mayor extensión podríamos utilizar el comodín latitudinal para explicarnos el porqué los climas varían de un extremo a otro, pero en el caso de España ese aspecto pierde peso y la balanza se inclina hacia las unidades de relieve como hitos determinantes en el influjo o no de unas condiciones climatológicas definidas.

Las situaciones más lluviosas son las de suroeste

Tal y como explicaba el meteorólogo José Miguel Viñas en esta entrevista en Geografía Infinita, el relieve de la Península “refuerza los frentes en la parte enfrentada a ellos, que es donde llueve mucho y al otro lado se produce una sombra pluviométrica al lado contrario”. Por ejemplo, según indicaba “buena parte de la meseta Sur no recibe apenas agua con situaciones del oeste (frentes que viene de ese punto cardinal), toda la zona costera del mediterráneo, son sombras”.

Las situaciones más lluviosas son “las de suroeste porque entran abiertas a las dos mesetas porque ya no hay obstáculos”. “Son las que entran por el valle del Tajo o del Guadiana. Lo normal, de todos modos, es que dominen las situaciones de norte noroeste”, explicó.

Cadenas montañosas con dirección W-E: barrera sobre barrera

Las fuerzas comprensivas que posibilitaron el choque de las placas tectónicas euroasiática y africana hicieron que los relieves estructurales se dispusieran siguiendo una dirección oeste-este en la península Ibérica. La mayor parte de los bloques que se levantaron, tales como la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Sistema Central o las Béticas, son el resultado de ese evento geológico acaecido en el Cenozoico.

Muchos de esos bloques fueron levantados a raíz de la fractura de materiales rígidos de un gran macizo previo que había sido arrasado y aplanado durante miles de años; la gran meseta paleozoica.

Debido a esa distribución adoptada por un gran número de cordilleras podemos explicarnos cómo es posible que la influencia climática quede restringida como consecuencia del relieve.

Tanto es así que la propia presencia de la Cordillera Cantábrica o de los Pirineos al norte frenan el influjo oceánico determinando que las condiciones aportadas por los diferentes elementos climáticos tales como humedad, precipitación, temperatura… entre otros, queden restringidos prácticamente a la cara norte de dichos sistemas montañosos.

O por poner un ejemplo opuesto, algo similar ocurre en el sur de la Península, entre el influjo del continente africano y las cordilleras Béticas. Estas últimas actúan de muralla para frenar unas condiciones más cálidas y secas que quedan bien delimitadas por las imponentes altitudes de estas barreras montañosas.

La meseta: el umbral ibérico

La meseta central ibérica también es responsable de buena parte de los climas de la Península. Esta, actúa como un gran umbral situado a una altitud media de 600 m.s.n.m. Esto provoca que sus casi 400.000 km² estén condicionados por un aislamiento altitudinal favorecido más si cabe por las cordilleras periféricas vistas anteriormente.

Tanto es así que prácticamente en toda la meseta las condiciones climáticas varían poco. Aquí las condiciones son las propias de un microcontinente donde las peculiaridades del clima mediterráneo de interior se interponen con gran impacto.

También existen algunas diferencias entre la conocida como submeseta norte, con una altitud media de 650 m.s.n.m, y la sur a unos 340 m.s.n.m. Esa diferencia altitudinal separada por otra gran barrera montañosa – el Sistema Central en este caso- hace que el clima mediterráneo sea más riguroso en la mitad sur.

Otras cordilleras de la península

Existen otras unidades de relieve que, a pesar de que no se disponen siguiendo la orientación W-E, también condicionan el clima de determinados lugares.

Un caso obvio lo representa la Costero-Catalana que junto a Pirineos y al Sistema Ibérico cierran el valle del Ebro posibilitando que en su interior se generen condiciones esteparias. Los Monegros en la provincia de Zaragoza conforman el ejemplo más plausible de un territorio limitado a influencias marítimas provocado indudablemente por causas topográficas.

La relación relieve-clima resulta cuanto menos curiosa para aquellos que nos dedicamos a explicar las peculiaridades que tiene el territorio español. Un territorio diverso geográficamente hablando. Obviamente en climatología y en meteorología son muchos más los determinantes y factores de influencia pues la Atmósfera, ese gigante sin forma ni textura, también juega con un as bajo la manga pero de eso nos ocuparemos en una próxima entrega.

Fuente: Geografia Infinita

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